El Sudario de Turín
o el Santo Sudario
es una pieza de lino
que mide 4,36 m por
1,10 m, que se
encuentra bajo la
custodia de la
Iglesia Católica
Romana, en Turín. Ha
sido objeto de
adoración por
creyentes y de
estudio por
científicos, estos
divididos entre unos
pocos que lo
consideran una
falsificación, y
muchos – inclusive
agnósticos - que
aprueban su
autenticidad. La
autenticidad
asegurada por muchos
no incluye la
afirmación de que
sea realmente la
pieza de paño que
estuvo en contacto
con el cuerpo de
Jesús. Apenas
declaran estar
convencidos de que
no se trata de una
falsificación, de un
paño pintado en la
Edad Media, como
tantos otros lo
fueron, adquiriendo
la condición de
reliquias religiosas
y pasando a ser
adorados por fieles.
El Sudario comenzó a
ganar notoriedad a
partir del siglo
XIV, precisamente en
el año 1357, cuando
fue expuesto por
Joanna de Vergy,
esposa del dueño de
la pieza. Más tarde,
pasó a pertenecer a
la familia Saboya,
habiendo sido hace
poco tiempo, donado
a la Iglesia
Católica.
Un test con el
carbono-14 niega que
el Sudario sea un
tejido del primer
siglo de la Era
Cristiano. Algunos
científicos
presentan, contra la
vanidad de ese test,
dos argumentos
fuertes: el hecho de
haber sido la pieza
de lino cocida en
aceite, en la Edad
Media, en un intento
de probar que se
trataba de una
pintura reciente, y
de haber estado
expuesta a dos
incendios en los
lugares donde se
hallaba depositada,
habiéndose en uno de
esos hechos
derretido parte de
la caja de plata
donde ella se
encontraba. El
fuego, en dos
ocasiones, dejó
marcas que no
llegaron a afectar
seriamente la figura
en ella impresa.
Aunque la tomemos
por base, no nos
proponemos aquí
repetir todo lo que
está afirmado en la
obra editada en los
Estados Unidos,
traducida en
portugués bajo el
título “La Verdad
sobre el Sudario!”,
de Kenneth E.
Stevenson y Gary R.
Habermas, que
contaron con la
colaboración directa
de profesionales de
las áreas médica,
física, biofísica,
química y
fotografía, además
de sustentarse en
conclusiones de
otros investiadores,
franceses e
italianos.
Los citado autores
no tienen la mínima
duda de que se trata
del paño sobre el
cual el cuerpo de
Jesús fue colocado,
habiéndo sido
doblado por sobre el
cuerpo, razón de
porqué presenta dos
figuras, una de
frente y otra de
espalda. Atestiguan
los autores que
fueron hechos
examenes de
partículas de sangre
y de plasma, de
polen de flores de
oriente, de fibra de
algodon, además de
haber comprobrado
que el cuerpo había
sido castigado con
latigazos, que
habría recibido una
corona de espinas
sobre la cabeza, que
tuvo parte de la
barba arrancada, que
tuviera las muñecas
y los pies
traspasados por
clavos, y que fuera
lacerado en el lado
izquierdo, después
de muerto. Más allá
de eso, presentaba
señales de que dos
monedas habían sido
colocadas sobre sus
ojos para
mantenerlos
cerrados, conforme
la costumbre de la
época. En nada,
según los autores,
la figura del
Sudaria contraría
los relatos
contenidos en el
“Nuevo Testamento”.
Mientras, ninguno de
los investigadores
consiguió explicar
como la figura se
fijo en aquella
pieza de lino.
Demuestran que no se
trata de pintura,ni
de tinte, ni de
marca de fuego, ni
de cualquier proceso
conocido tanto en la
Edad Media, como en
la actualidad.
Verificaron, todos
los investigadores,
que las fibras de
los hilos están
marcados apenas en
la superficie, no
habiendo ningún
indicio del uso de
tinta o colorante
que, por más
cuidadosa que fuese
la operación,
penetrarían en el
interior de las
fibras. Debe ser
resaltado que la
figura no presenta
distorciones como
serían naturales si
el paño hubiese sido
calcado sobre el
cuerpo a fin de
conocer las
impresiones.
Varias hipótesis
fueron llevadas para
explicar la fijación
de la figura en el
lino: empleo de
ácido, empleo de
vapor, una quemadura
producida por un
calor rápido;
irradiación de alta
energía; radiación
atómica. Además de
eso, debe ser
resaltado que la
imagen fue fijada en
el lino como en un
proceso fotográfico
y la figura se
presenta como un
negativo.
Delante de la
dificultad de
producir una pieza
semejante, un
científico afirmó:
“Necesitaríamos más
que un milagro para
presentar el Sudario
como una farse y no
como un objeto
auténtico”.
Y Yves Delage,
miembro de la
Academia Francesa,
agnóstico confeso,
al concluir que el
Sudario es el lienzo
fúnebre de Jesús,
declaró: “Un
problema religioso
fue innecesariamente
inyectado en un
asunto que, en sí,
es puramente
científico... Si, en
vez de Cristo, se
tratatse de alguna
otra persona, como
un Sargan, un
Aquiles o uno de los
Faraones, nadie
habrá pensando en
hacer ninguna
objeción...
Reconozco a Cristo
como un personaje
histórico y no veo
razón que justifique
el hecho de que
alguien se sienta
escandalizado porque
aun existen
vestigios de su vida
terrena...”
“Jesús apareció
vestido como un
hombre de la
época y Magdalena,
al verlo de
espaldas,
imaginó que era un
hortelano”
Otros
investigadores,
inclusive los
autores que, por ser
católicos, a partir
del límite adonde la
Ciencia llegara,
apelan para lo
“sobrenatural”, a la
vez que fuera
constatado el hecho
de l cuerpo no haber
sufrido ningún
proceso de
desconposición
directa de Dios, que
propoció a Jesús a
levantarse de la
sepultura con su
cuerpo carnal.
No explican,
mientras, cómo Jesús
apareció vestido
como un hombre de la
época – al punto de
Magdalena, al verlo
de espalda,
imaginase que fuese
un hortelano -, si
su cuerpo fuera
dejado en un sobre
el Sudario, conforme
prueba la figura en
el impresa. No
explican porqué
Jesús pasó a obrar
de manera totalmente
difrerente de como
obraba antes del
suplicio: aparecía y
desaparecía
súbitamente;
atravesaba puertas
cerradas; no se
hospedó más en la
casa de nadie; no
más comidas
habituales como
hiciera hasta
entonces.
¿Será que durante
esos cuarenta días
que median de la
resurrección y la
ascensión, Jesús no
quiso mostrar que
continuaba vivo,
pero no estaba
encarnado más? ¿Si
el cuerpo era el
mismo, por qué no
obraba así antes?
¿Por qué volvería
para el “cielo”,
llevando un cuerpo
que no tuviera
antes? Y,
razonandose de
acuerdo con el dogma
católico-protestante,
de Jesús haber sido
el propio Dios
encarnado – o por lo
menos un tercero de
la Trinidad -, ¿cómo
puede llevar un
cuerpo físico
generado en la
Tierra y añadiéndolo
a la Divinidad? En
ese caso, Dios no
estaría completo
entonces, pues
aquello que esta
completo no acepta
más añadido
alguno... Ademas de
eso, ese
razonamiento sería
aceptable durante la
Edad media, cuando
la Tierra gozaba del
status de ser el
centro del Universo,
pero hoy, delante de
lo que se conoce al
respecto del Cosmo,
es inaceptable tal
teoría, incluso que
el Universo fuese
constituido sólo por
nuestra galaxia, la
Vía Láctea.
Los autores llegan a
la tesis de la
resurrección en
cuerpo espiritual,
llamándola como
tesis naturalista.
La niegan. La niegan
vehemente, llegando
a citar la I Carta
de Pablo a los
Coríntios, en su
capítulo 15, pero lo
hacen de modo
incompleto, pues
dejan de lado los
versículos 35, 36,
37, 40, 42, 44 y 50,
en los cuales el
Apóstol pregunta con
qué cuerpo
resucitaremos,
respondiendo él
mismo, que tenemos
dos cuerpos: el
espiritual y el
animal, diciendo:
“si se siembra un
cuerpo animal,
resucitará un cuerpo
espiritual”. Y, para
que no hayan dudas,
aun dice: “... que
la carne y la sangre
no pueden heredar el
reino de Dios, ni la
corrupción hereda la
incorrupción”.
Al dejar la
condición de
investigadores y
asumir la de
teólogos, los
autores dicen que la
resurrección de
Jesús se dio por
intervención directa
de Dios y que se
trata de un fenómeno
irrepetible. Delante
de tal afirmación es
lícito sea
preguntado con qué
cuerpo aparecieron
Moisés y Elías a
Jesús, en el Tabor,
conforme es relatado
en el Nuevo
Testamento (Mt, 17:
1 a 13; Mc, 9: 1 a
13; Lc, 9: 28 a 36).
¿Cómo pudieron
aparecer, tan
materializados, al
punto de que Pedro
propone la
construcción de tres
cabañas, una para
Jesús, otra para
Moisés y otra para
Elías, conforme el
relato de los tres
Evangelistas? ¿Qué
cuerpo tenían ellos,
si la resurrepcción
de Jesús fue
irrepetible?
No tenemos
conocimiento de que
existan en la
Codificación, ni en
obras subsidiarias,
referencias al
Sudario. Mientras,
con base en
experiencias
mediúmnicas y
revelaciones hechas
por Espíritus,
pueden ser
levantadas algunas
hipótesis:
André Luiz (Obreros
de la Vida Eterna,
caps. 15 y 16), en
dos situaciones,
revela que
trabajadores del
Bien disipan las
energías sobrantes
en el cadáver, antes
de la sepultura, a
fin de que no sea
profanado por
Espíritus
vagabundos. Delante
de eso, es de
preguntarse: ¿quién
tendría condiciones
para disipar la
energía restante en
el cuerpo de Jesús,
sino él mismo? Y al
hacerlo, no lo
tendría
desmaterializado
completamente? ¿Con
qué objetivo Jesús
dejaría en la
sepultura el cuerpo
físico que le
serviría de
instrumento, ya que,
aunque ya no más
pudiese ser
explotado por
Espíritus que
quisiesen apoderarse
de los fluidos
restantes, se lo
daría por cierto por
los sacerdotes
interesados en
apagar cualquier
indicio que
recordase al
Carpintero?
Imaginemos lo que
ocurriría si la
tumba no estuviese
efectivamente vacía:
promoverían una
exposición del
cadáver, diciendo
que las apariciones
de Jesús eran
falsas.
Jesús no buscó
convencer a nadie de
que el cuerpo que le
servía de
instrumento para sus
apariciones después
de la desencarnación
no era ya carnal.
Pretendió, por
cierto, probar la
victoria de la vida
sobre la muerte. Eso,
para la época, era
suficiente. Mientras,
al ser visto por
Saulo, en la Entrada
de Damasco, este
comprendió
perfectamente la
inmaterialidad de
aquel Cuerpo
luminoso con que el
maestro se
presentaba. De ahí,
sus declaraciones en
la Carta a los
Coríntios, ya
citada.
“El Espiritismo
puede demostrar
que las
apariciones de
Jesús no
significan una
derogación de las
leyes eternas”
Pero, si Jesús
desmaterializó su
cuerpo, ¿cómo podría
dejar de probar que
no había sido
retirado aun con
vida – como quieren
algunos fantasiosos
– y llevado para un
lugar distante,
donde habría
continuado viviendo?
Se puede suponer que
haya dejado que las
radiaciones
producidas por la
desmaterialización
plasmasen en el
tejido del Sudario
la figura de su
cuerpo, que había
sido colocado sobre
una parte del tejido
y cubierto con la
otra.
Las palabras de
Jesús, cuando
promete el
Consolador, ayudan a
entender porqué él
decidió no hablar
más sobre el asunto,
dejando las
explicaciones para
más tarde, cuando la
Ciencia hubiese
avanzado y pudiese
estudiar y explicar
aquel fenómeno. Para
cuando el
entendimiento de los
hombres se hubiese
alargado de modo a
entenderle la
lección sin palabras
al respecto de la
inmortalidad, cuando
tuviese condiciones
de entender la
condición accidental
– y no esencial –
del cuerpo físico.
Analicemos sus
palabras: “Aun tengo
mucho que deciros,
pero vosotros no lo
podéis soportar
ahora” (Ju, 16:12).
Y dijo más: “Aquel
Consolador , el
Espíritu Santo, que
el Padre enviará en
mí nombre, ese os
enseñará todas las
cosas y os hará
recordar todo lo que
os he enseñado” (Ju,
14:26).
El Espiritismo, en
su condición de el
Consolador prometido
por Jesús, vino a
recordar la sublime
lección de
inmortalidad dejada
por el Maestro,
limpiándola de todas
las fantasías
creadas por
teólogos, clérigos y
legos, retirando el
carácter milagroso ,
mágico, irreal, y
trayéndola al campo
del razonamiento
claro, lógico y
coherente. Apoyado
en la Ciencia, puede
el Espiritismo,
siglos más tarde,
demostrar que las
apariciones de Jesús
no significaron una
derogación de las
leyes eternas.
Numerosas
experiencias de
materialización
fueron llevadas a
efecto por
científicos de
renombre, que
probaron hasta la
saciedad que el
Espíritu
desencarnado puede
materializarse,
volviéndose visible,
audible y tangible,
conforme relata
Arthur Conan Doyle,
en su obra “Historia
del Espiritismo”, en
que cita el
testimonio de
investigadores de la
estatura y
respetabilidad de
Sir William Crookes,
César Lombroso, Sir
Oliver Logde, Camile
Flammarion, Charles
Richet, entre otros.
Digna de destacar es
la figura del Prof.
Crookes, tanto por
su contribución a la
Ciencia, como en
cuanto a sus
títulos. Descubrió
el talio, inventó el
radiómetro, los
tubos electrónicos
de catódio para la
producción de los
rayos –X. Recibió la
Gold Medal, la Davy
Medal, a Sir Joseph
Copley Medal, en
Inglaterra. En
Francia, fue
premiado por la
Academia de Ciencias,
que le condedió la
medalla de oro y un
premio de 3.000
francos. Ese
eminente hombre de
Ciencia se destaca
también en las
investigaciones de
fenómenos psíquicos.
Durante casi cuatro
años, promovió
sesiones en las que
se materializaba el
Espíritu Katie King,
que le proporcionó
oportunidad de
aplicar todo su
rigor científico en
investigaciones que
lo convencieran, a
él y a otros
científicos, de la
veracidad de los
fenómenos. Más allá
de eso, el Espíritu
Katie King le
proporcionó
memorables ocasiones
de convivencia, no
sólo con él, sino
con otros
investigadores y
hasta con
familiares,
inclusive con niños,
conforme se constata
en la obra “Hechos
Espíritas”, de su
autoría.
Alguno de esos
científicos
aceptaron investigar
fenómenos de
materialización,
desmaterialización y
rematerialización,
con el objetivo
declarado de
probarle la
irrealidad, pero
acabaron por
convencerse de los
hechos, y se
volvieron espíritas
convencidos. Es el
caso de William
Crookes, que tuvo el
coraje de declarar
su convencimiento al
respecto de la
autenticidad de los
fenómenos a la
Sociedad Real de
Londres, para
escándalo de muchos
de sus miembros
ilustres. Ese
eminente hombre de
Ciencia, probando
que todo testimonio
de la Verdad es
penoso para aquel
que se propone darlo,
amargo con la
incomprensión de
muchos colegas.
En los años que
siguieron a la
publicación de las
obras básicas del
Espiritismo, hubo
una verdadera onda
de investigaciones
de esos fenómenos,
cuyos resultados se
encuentran
registrados en una
vasta bibliografía
que puede ser
consultada por
aquellos, liberados
del rango religioso,
se propongan a
hacerlo.