entrevista
ofrecen una
visión amplia
sobre la
doctrina y el
movimiento
espírita.
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¿Cómo y cuándo
se volvió
espírita?
Nacida católica,
el tema
religioso
siempre fue muy
intenso en mí. A
los 12 años de
edad mi familia
visitó a una
vecina espírita,
y aunque todos
los niños
estuvieron
interesados en
jugar, me quedé
hipnotizado por
el estante de
libros, pues
leer siempre fue
un placer. Allí
encontré la obra
Lindos Casos
de Chico Xavier,
de Ramiro Gama,
y cuanto más
leía, más tenía
la seguridad de
que aquello
tenía un total
sentido. Le
pregunté a la
dueña de la casa
sobre lo que era
el Espiritismo y
desde entonces
fui
sumergiéndome
cada vez más en
la doctrina, de
la cual me pongo
la camiseta y
amo
profundamente.
Me siento
espírita, por lo
tanto, desde los
12 años de edad.
¿Qué es lo que
más le llama más
la atención del
Espiritismo?
La profunda
lógica. Le da
sentido a la
vida en la
Tierra con el
concepto de
reencarnación,
trayendo aliento
al alma sedienta
de
justificaciones
ante tantas
diferencias y
sufrimientos en
el planeta;
además de eso,
la doctrina
estimula
percibir más
claramente el
impacto del amor
y de la caridad
en la vida de
las personas,
invitándonos,
sin amenazas
como el
“infierno”, al
cambio de
conducta y la
búsqueda de una
vida moral más
elevada y que
nos acerque a la
paz espiritual y
la felicidad más
plena.
Su gusto de
hablar en
público, ¿de
dónde viene?
Soy descendiente
de italianos,
¡hablar siempre
fue un placer!
Sin embargo,
nunca había
pensado en
convertirme en
conferencista
hasta que surgió
la posibilidad
de realizar,
hace
aproximadamente
14 años, un
curso de
oratoria
espírita puesto
a disposición
por la
Aliança
Espírita
Evangélica do
ABC, entidad
espírita a
través de la
cual fui
considerada apta
para recibir el
“título”, de
Discípula de
Jesús. En esa
oportunidad,
sabiendo que
“ser discípulo”
significaba
trabajar por la
causa de Jesús,
nada mejor que
unir lo útil a
lo agradable,
llevando la
palabra
cristiana y
espírita a los
que tienen sed
de conocimiento
y necesidad de
esclarecimiento.
¿Qué nos dice
sobre el público
oyente en las
instituciones y
en el movimiento
espírita, ante
del contenido
ofrecido por el
Espiritismo?
Percibo un
aumento del
público laico en
las casas
espíritas en
general, con las
conferencias
recibiendo no
sólo a los
espíritas sino a
muchos
simpatizantes de
la doctrina,
incluso los que
profesan otras
religiones. Eso
demuestra cuán
universal es el
Espiritismo. Sin
embargo, a
muchos oyentes
más frecuentes
aún les falta
iniciativa para
comprometerse en
los estudios
doctrinarios,
motivación para
la lectura de la
codificación y
la donación de
sí mismos en los
diversos
trabajos de las
casas, que por
otro lado vienen
ofreciendo cada
vez más
posibilidades de
conocimiento y
actividades a lo
que quieran
aprender y
servir.
¿Cuál es su
preferencia en
los enfoques
espíritas y por
qué?
Me gusta hablar
de contenido
doctrinario
aplicándolo a lo
cotidiano,
contando
historias,
mostrando
vídeos,
recordando
hechos. Son
conferencias
enfocadas para
cualquier tipo
de público.
Entiendo que el
ser humano está
mejor motivado a
actuar cuando
percibe que lo
que aprendió
puede y debe ser
aplicado en la
vida de
relación. He
tenido la
oportunidad de
ver que las
personas se
estimulan en ser
espíritas de
manera integral
cuando perciben
que es posible
serlo en su
hogar, en su
trabajo, en sus
acciones de
ciudadanía, en
la diversión. A
mi entender,
necesitamos
romper la idea
que las
religiones
impregnaron de
forma sutil, que
ser una persona
activa en la fe
es algo que se
demuestra sólo
dentro de las
casas
religiosas.
¿Algo resaltante
de sus recuerdos
en su trabajo
espírita?
Para mi es
resaltante cada
momento en el
que, al terminar
una
presentación,
recibos sonrisas
o abrazos del
público. De ese
modo, siento que
he sido útil y
que esa simpatía
que expresan es
una manera de
decirme que
logré el
objetivo que me
llevó hasta
ellos.
¿Qué punto
doctrinario
espírita le
parece más
extraordinario?
La
reencarnación.
¡Cuánto
cambiaría la
conducta humana,
en la convicción
de Dios, en los
valores, si la
humanidad entera
fuese
reencarnacionista
y ligara ese
conocimiento al
de la ley de
causa y efecto!
¿Y el Evangelio?
Aprecio mucho,
en El
Evangelio según
el Espiritismo
, el pasaje
sobre “el Hombre
de Bien”.
Cuestionar a la
conciencia al
final de cada
día nos vuelve
más preparados
para reconocer
las limitaciones
del alma,
permitiendo que
al día siguiente
no tropecemos
tanto en el
mismo punto.
¿Y en relación a
los autores
desencarnados?
Además de los
autores André
Luiz y Emmanuel,
psicografiados
por Chico Xavier
y que son muy
ricos en
contenido,
siento bastante
afinidad con las
obras de Manoel
Philomeno de
Miranda
psicografiadas
por el médium
Divaldo Franco,
pues ese autor
espiritual nos
da importantes
llamadas de
alerta sobre los
temas de las
afinidades
espirituales y
los problemas
obsesivos, los
cuales entiendo
son uno de los
más grandes
males actuales
de la Humanidad
terrena.
¿Algo más que le
gustaría añadir?
El Espiritismo
no hace
“milagros”,
ayuda a que los
alcancemos. Digo
“milagros” en el
sentido de
aquello que nos
parece inviable,
fabuloso, y que
solamente una
gran fuerza
conseguiría
ofrecérnoslos. A
través del
Espiritismo
percibimos que
Dios está dentro
de nosotros
tanto como es
posible,
entendemos que
tenemos la
fuerza para
vencer,
comprendemos
nuestro
potencial
espiritual y
que, si
tuviéramos buena
voluntad,
encontraremos y
sintonizaremos
con Dios en
nosotros.
Sus palabras
finales.
Que el ser
humano no se
deje impresionar
por sus
imperfecciones,
pues
observándose a
sí mismo,
percibirá que
viene
desarrollando
virtudes.
Hablar no debe
ser motivo de
estancamiento,
sino de
recomienzo. Es
el ejercicio
habitual en el
bien lo que hará
del hombre un
ser mejor, pues
nadie cambia sin
que el tiempo
venga en su
auxilio, “la
naturaleza no da
saltos”. El
mundo aparenta
dificultades,
pero se cumplen
las previsiones
espíritas de que
antes de la
renovación
planetaria todo
debería ser
modificado - una
nueva moral
humana para un
mundo
regenerado. El
mal que hoy
vemos más
intenso es sólo
el mismo mal de
siempre que se
muestra ahora:
pero es siempre
más fácil lidiar
con lo que se
ve. Que los
buenos dejen de
ser tímidos,
como nos alerta
El Libro de
los Espíritus en
la pregunta 932.
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