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Cenas de
"Chico Xavier o
Filme" |
Chico Xavier y sus
detractores
religiosos
La religión debe ser
vivero de almas, en la
cárcel del pensamiento
“Inconformada por estar
perdiendo terreno para
el Espiritismo, la
Iglesia no economizó
vituperios contra Chico
Xavier, que continuó,
en todos los tiempos,
impertérrito y sin
asombro, bendecido y
respetado por
Espíritas y no Espíritas.”
(François C. Liran.)
Con algunas rarísimas
excepciones, conforme ya
verificamos sobradamente
en nuestras reuniones
mediúmnicas, los
Espíritus que mayor
sorpresa encuentran en
el Mundo Espiritual,
después del deceso
corporal, son los
sacerdotes católicos y
los pastores evangélicos
(y algunos espíritas
también). Allá ellos se
enfrentan con la
incuestionable realidad
que inútilmente
intentaron escamotear,
cuando, en la condición
de ciegos, dirigían sus
dóciles e ingenuos
rebaños.
¡¡¡Pero eso es
antiguo!!! Aun Jesús a
Su tiempo fue
incontables veces
abordado por esos
“maestros” ciegos y
llenos de soberbia y
vanidad intelectual...
Es bien verdad que, en
algunas ocasiones, el
Tierno Rabí les
balanceaba los
pedestales en que se
colocaban. Al orgulloso
doctor Nicodemos Él
preguntó entre
sorprendido y
amonestador: “¡¿Tú
eres maestro de Israel,
y no sabes esto?!”
Esos económicos infieles
no sólo falsean sus
misiones porque están
bajo la tarea que
tomaron bajo sus
hombros, mas también
lanzan anatema en la
tarea de los dignos
misioneros.
En el inicio de sus
actividades mediúmnicas,
Chico Xavier experimentó
la implacable
persecución del clero,
que todo hizo para
alejarlo de su tarea.
Él soportó terribles
calúmnias.
La Iglesia intentaba
desmoralizar aquel que,
en la época, a buen
seguro, era el principal
responsable, en Brasil,
por el avance de la
Doctrina: Andando por
las calles de Pedro
Leopoldo, era común en
las personas bendecirse
al avistarlo y, aun por
recomendación de los
sacerdotes, cambien de
calzada, evitando así,
un indeseable encuentro
con quien estaba “al
servicio de las
tinieblas”…
Las paredes del Centro
Espírita “Luís Gonzaga”,
en construcción, eran
levantadas durante el
día y derrumbadas por la
noche... Años después
Chico se acordaría con
sano y buen humor de
todas aquellas
dificultades que él supo
superar en silencio, sin
replicar a la más
pequeña ofensa recibida.
Cierta fecha un obispo
de Belo Horizonte
decidió excomulgarlo.
En todas las iglesias
que estaban bajo la
autoridad del referido
obispo, del púlpito, a
la moda medieval, el
sacerdote repetía para
la multitud, con voz
pausada y fuerte: —
“Francisco Cândido
Xavier... Está
excomungado hasta la
quinta generación...”
¡Ay de nosotros, que
olvidamos al Maestro
semidesnudo sobre el
madero!
Cuando la excomunión fue
hecha pública por
primera vez, una de las
hermanas de Chico,
Lourdes, católica
fervorosa, estaba
participando de la misa.
Bañada en lágrimas, al
volver para casa, ella
le contó todo al
hermano, que,
serenamente, le
respondió: “Tú no te
preocupes con ese asunto
de excomunión, pues,
según el diccionario que
ya consulté,
excomulgados están todos
aquellos que hoy, por
ejemplo, siendo
católicos, aún no
comulgaron... Si tú no
tuviste oportunidad de
comulgar hoy en la misa,
estás ex-comulgada...”
Haciendo breve pausa,
Chico continuó: “¡Cuánto
yo haya sido excomulgado
hasta la quinta
generación, tú no te
preocupes con esto,
porque no va a haber ni
la primera! Tú estás
desperdiciando tus
lágrimas...”
D. Joaquin A. de
Albuquerque Cavalcanti,
Arzobispo de Río de
Janeiro y primer
Cardenal brasileño, ya
desencarnado, vuelta a
la escena terrestre a
través de la mediumnidad
del Singular Médium
Minero y confiesa :
“(...) Después del
deceso corporal, nuestra
pequeñez, delante de la
vida, adquiere tan
horrible aspecto que con
tardío arrepentimiento
reconocemos que la
religión es vivero de
almas y no cárcel del
pensamiento.
Algo terrible sucede con
nosotros en el
indescriptible
instante... El
sacerdote, en el fondo,
se juzga un salvador de
conciencias, con teorías
propias acerca del
Infierno y del Cielo;
pero la muerte es
siempre la ventana
arrasadora que le
arrebata las vestiduras
y los símbolos
materializados de la fe,
exhibiéndolo desnudo a
los ojos espantados del
rebaño que él había
pretendido adoctrinar y
conducir.
¡Ay de nosotros, que
olvidamos al Maestro
semidesnudo sobre el
madero!
Cuando la túnica de las
buenas obras no nos
agasaja el espíritu
desilusionado, es
menester vestir la
pesada armadura del
remordimiento, con
infinita humildad, para
recomenzar la
preparación de la
siembra. Ni siempre,
sin embargo, hay
suficiente provisión de
virtud en el corazón
para el servicio
renovador, y muchos,
como tigres heridos,
regresan a los recovecos
del bosque humana,
expandiendo la revuelta
y el sufrimiento moral,
de que se acumularon, en
actos de ferocidad, como
si les fuera consuelo
vengar en otros el
pavoroso infortunio que
deben a sí mismos.
(...) Jesús no
permanece mucho tiempo
junto a aquellos que Le
consagran hosannas, sino
esposados a la formula y
despreocupados del
verdadero bien. Vive
siempre, por Sus
emisarios, donde la
caridad y la educación
se traduzcan en acciones
dignificantes que
busquen el progreso y la
felicidad de todos,
independientemente del
credo individual.
El verdadero programa de
salvación prescinde de
cualquier conflicto
No es desencadenando la
discordia que se
mantiene la fe, ni
cebando la ignorancia
que se conserva la
armonía. Nadie se valga
de la sanguinolenta
espada de la tiranía, ni
del veneno sutil de la
desobediencia, en la
intuición de auxiliar
aquí o allá. La
exhibición de poder
genera la revuelta; la
indisciplina favorece la
subversión.
Cristo no predicó el
separatismo, antes
enseñó la paciencia, la
tolerancia y el orden,
recomendando fuera
facultado al ayuno el
derecho de crecer
naturalmente, al lado
del trigo, hasta el día
de la cosecha. El
Maestro no se declaró
contra el
perfeccionamiento del
alma en esa o en aquella
región de la vida y, sí,
aseveró que solamente
la verdad nos hará
libres; ni se rebeló
contra nadie, tomando
partido de algunos.
Aceptó, Él mismo, la
cruz del sacrificio y de
la muerte, indicándonos
el camino para la
resurrección y para la
victoria.
El verdadero programa de
salvación prescinde de
cualquier conflicto y
dispensa el dogmatismo y
la rebelión. Por lo
tanto, mientras surjan
duelos de puntos de
vista, con perturbación
y desorden, en las
manifestaciones de la
fe, la creencia no
pasará de una vaga
claridad perdiéndose en
las sombras del
fanatismo.
La idea religiosa es un
modo de expresión
espiritual, tanto como
el lenguaje. Cada cuál
adora al Señor según su
capacidad de elevarse en
los dominios del
conocimiento y de la
virtud. La igualdad
absoluta, en el plano de
las potencialidades y de
las adquisiciones
relativas, es un absurdo
indiscutible. En razón
de eso, tan digno de
lástima es el sacerdote
que condena, como el
creyente que maldice.
Aquel que realmente
despierta para el bien y
desea colaborar en la
felicidad común, pone
los actos muy por encima
de las palabras; cultiva
el discernimiento y
aleja de sí cualquier
pensamiento agresivo u
ocioso, comprendiendo
que la obra de la
regeneración de cada uno
requiere la acción del
tiempo y el concurso
directo de cuantos ya
forman la vanguardia del
progreso moral.
Reconociendo la posición
ideal del padre para
orientar el servicio
iluminativo de la
caridad cristiana, no
debemos olvidar la
cooperación debida a
todo y cualquier
misionero del bien,
consagrado a la renuncia
de sí mismo, a fin de
encender nueva luz en la
senda de los hombres.
El mayor movimiento
transformador del mundo
es el Cristianismo
El servicio de la
comunidad exige división
y descentralización.
Consagrar el espíritu al
apostolado con Jesús, es
deber.
Quién se interesa,
efectivamente, por la
prosperidad popular no
suspira por la galería
dorada de los grandes
gravámenes públicos, ni
reclama vasto patrimonio
amonedado,
los cuales
en la mayoría de las
veces, son verdaderas
obstinaciones a la
ascensión del corazón al
Reino Divino. Es
indispensable desvelar
el alma a la alegrías
del servicio del bien,
participando con los
otros la experiencia de
cada día.
(...) El mayor
movimiento transformador
del mundo aun es el
Cristianismo, cuyo
Fundador Se dejó
crucificar, en vez de
quejarse y herir.
Si el sacerdocio de la
actualidad quisiera
operar el renacimiento
del espíritu popular,
antes que el progreso
natural le imponga,
es imprescindible se
dedique a la
concretización del
Evangelio, en la misión
de instruir y consolar,
en nombre del Señor.
Para esto, sin embargo
es necesario extender
los brazos y apretar
ajenas manos en actitud
comprensiva, reduciendo
a escombros las viejas
trincheras de la
intolerancia y de la
discordia. Dios es el
Padre de todos los
miembros de la familia
humana y de las mínimas
formaciones de la
Naturaleza, y no podemos
olvidar, en la Tierra,
que Cristo es el mismo
para todos, aunque no
todos puedan señalar,
por ahora, la influencia
del Mesías.
La escalera evolutiva y
la lucha regeneradora
presentan escalones y
fases de magnífica
expresión. Cada hombre
recibe el Sol y el aire,
según la altitud en que
se coloque. Observado
de un ángulo más alto,
el ministerio de la
Iglesia, en sus bases
cristianas, crece y se
crece en el tiempo y en
el espacio,
¡pero
ay de nosotros como
administradores
distraídos de nuestras
responsabilidades en la
aplicación de sus
tesoros imperecederos!
En esa condición, por
más hipertrofiados
estemos en la ilusión de
los puestos y de los
títulos, nos reducimos a
la insignificancia
de los siervos inútiles,
porque todos los
monumentos de la vanidad
humana se desvanecen y
se hacen en polvo al
vendaval de la muerte.
Entonces, tambaleantes
en el lugar de las
tinieblas, fantasmas de
ruina espiritual que
sólo la fuerza de la
plegaria restaura.
La puerilidad de los
dogmas, la necesidad de
un mejor discernimiento
Profunda conmiseración
nos posee ante los
compañeros que aun yacen
en las sombras, y por
eso es por lo que,
entendiendo ahora, más
que nunca, la puerilidad
de los dogmas, la
necesidad de mejor
discernimiento, la
vacuidad de las honras y
la sustancia de los
dones divinos,
regresamos del sepulcro
para decir a los viejos
compañeros del resumen
que la Corona de la
Vida, para acomodarse a
nuestra cabeza, reclama
esfuerzo más amplio en
la diseminación de las
buenas obras.”
He ahí el doloroso
testimonio de una alta
autoridad de la Iglesia
que lanza su grito de
alerta, que es útil para
todos nosotros que
deseamos servir a Jesús.
Felizmente en las
huestes espiritistas se
levantó en el extremo
opuesto donde están
situados los misioneros
fracasados y fallidos,
cual Sol a disipar las
brumas de la ignorancia
a dar fin al régimen de
escarceos, la figura
altanera, impar y
luminosa en su alto
pedestal de humildad,
nuestro querido Chico,
que inspiró a Eurícledes
Formiga, en una de las
reuniones del Grupo
Espírita de la Plegaria,
en Uberaba, el soneto
titulado:
Al Siervo de Jesús
Y vivirás en las páginas
de la Historia,
En el corazón de
aquellos que amparaste
Y cuántos con tu verbo
consolaste
Han de guardarte los
hechos en la memoria...
En todos los caminos que
pisaste,
A lo largo de esta
estrecha trayectoria,
Han de florecer,
recordándote la
victoria,
Las flores de bondad que
plantaste...
Jamás se borrará la
inmensa luz,
Ó devotado siervo de
Jesus,
Que encendiste en la
carretera oscura y
triste...
Y tu nombre será siempre
bendito
En los labios de quien
ora a los Cielos,
apenado,
Agradeciendo a Dios
porque exististe.