El Evangelio según Lucas
Tercer
libro del Nuevo Testamento
Lucas (Discípulo de
Pablo)
(Parte 11)
Damos continuidad en esta
edición al Estudio
Sistematizado del Nuevo
Testamento, que comprenderá
el estudio de los Evangelios
de Mateo, Marcos, Lucas y
Juan y del libro Actos de
los Apóstolos. El estudio
está basado en la versión del Nuevo
Testamento que el lector
puede consultar a partir de
este link:
http://www.bibliaonline.con.br/tb.
Las respuestas
correspondientes a las
cuestiones presentadas se
encuentran a finales del
texto de abajo.
Cuestiones
para el debate
1. Un cierto príncipe
preguntó a Jesús que debería
hacer para heredar la vida
eterna. ¿Cuál fue la
respuesta del Maestro?
2. ¿Cómo se llamaba el rico
publicano de Jericó que
hospedo a Jesús en su casa?
3. ¿Cuál es el contenido y
el significado de la
parábola de las minas?
4. ¿Que palabras fueron
dichas por los discípulos
cuando Jesús entró en
Jerusalén montado en un
asno?
5. Viendo que los fariseos
no les gustaba lo que los
discípulos hablaban, ¿qué
les dice Jesús?
Relatos y enseñanzas
45. Todo aquel que se
exalta será humillado -
Después de narrar la
parábola del juez y la
viuda, Jesús contó la
siguiente parábola: “Dos
hombres subieron al templo,
a orar; uno, fariseo, y el
otro, publicano. El fariseo,
estando en pie, oraba
consigo de esta manera: Oh
Dios, gracias te doy, porque
no soy como los demás
hombres, robadores, injustos
y adúlteros; ni aún como
este publicano. Ayuno dos
veces a la semana, y doy
los
diezmos de todo cuanto
poseo. El publicano, sin
embargo, estando en pie, de
lejos, ni aún quería
levantar los ojos al cielo,
pero latía en el pecho,
diciendo: ¡Oh Dios, ten
misericordia de mí, pecador!
Os digo que este descendió
justificado para su casa, y
no aquel; porque cualquiera
que a sí mismo se exalta
será humillado, y cualquiera
que a sí mismo se humillara
será exaltado”. En aquel
momento, le trajeron algunos
niños para que él les
tocara, y los discípulos le
reprendieron. Jesús,
entonces, llamando a los
niños para junto a él, dijo:
“Dejad venir a mí los niños,
y no los impidáis, porque de
los ellos es el reino de
Dios. En verdad os digo que
cualquiera que no recibiera
el reino de Dios como un
niño, no entrará en el.”
(Lucas, 18:2 a 18:17.)
46. Es muy difícil a los
ricos entrar en el reino de
Dios - Vendo que el
príncipe rico hubo quedado
muy triste con la idea de
repartir sus bienes con los
pobres, Jesús declaró:
“¡Cuan difícilmente entrarán
en el reino de Dios los que
tienen riquezas! Porque es
más fácil entrar un camello
por el agujero de una aguja
que entrar un rico en el
reino de Dios”. Los que lo
oyeron quedaron sorprendidos
y preguntaron: “¿Luego quién
puede salvarse?” El Maestro
aprovechó la duda para
enseñar que las cosas que
son imposibles a los hombres
son posibles a Dios y,
respondiendo a una
observación de Pedro, que le
recordó haber dejado todo
para seguirlo, afirmó: “En
cierto os digo que nadie
hay, que haya dejado casa, o
padres, o hermanos, o mujer,
o hijos, por el reino de
Dios, que no haya de recibir
mucho más en este mundo, y
en la edad venidera la vida
eterna”. Dicho esto, él
reunió a los doce apóstoles
y les dijo: “He ahí que
subimos a Jerusalén, y se
cumplirá en el Hijo del
hombre todo lo que por los
profetas fue escrito; pues
ha de ser entregado a la
gentes, y escarnecido,
injuriado y escupido; y,
habiéndolo azotado, lo
matarán; y al tercer día
resucitará”. (Lucas,
18:23 a 18:33.)
47. Jesús cura al ciego
de Jericó - Los
apóstolos no entendían lo
que Jesús quería decir con
la noticia de su muerte y
resurrección, y las cosas
siguieron su rumbo normal.
Ocurrió entonces que,
llegando a Jesús cerca de
Jericó, se encontraba allí
un ciego sentado junto al
camino, mendigando. Oyendo
pasar la multitud, el
invidente preguntó que era
aquello. Le dijeron que
Jesús Nazareno pasaba. El
ciego entonces clamó,
diciendo: “Jesús, Hijo de
David, ten misericordia de
mí” Las personas que seguían
al Maestro lo reprendieron
para que se callara, pero él
clamó aún más alto: “¡Hijo
de David, ten misericordia
de mí!” Jesús, entonces,
paró de andar y mandó que lo
trajeran hasta él,
preguntándole: “¿Qué quieres
que te haga?” El ciego
respondió: “Señor, que yo
vea”. Jesús entonces le
dijo: “Ve; tu fe te salvó”.
Y el ciego inmediatamente
vio, y lo siguió,
glorificando a Dios, y todo
el pueblo, que vieron
aquella escena, daba loores
a Dios. (Lucas, 18:34 a
18:43.)
48. El Maestro profetiza
la destrucción de Jerusalén
- La entrada de Jesús en
Jerusalén fue triunfal, pero
cuando él vio la ciudad
lloró sobre ella, diciendo:
“¡Ah! ¡Si tú conocieras
también, al menos en este tu
día, lo que a tu paz
pertenecia! Pero ahora esto
está encubierto a tus ojos.
Porque días vendrán sobre
ti, en que tus enemigos te
cercarán de trincheras, y te
sitiarán, y te estrecharan
todas las bandas; y te
derribaran, a ti y a tus
hijos que dentro de ti
estén; y no dejarán en ti
piedra sobre piedra, pues
que no conociste el tiempo
de tu visitación”. Luego,
entrando en el templo,
comenzó a expulsar a todos
los que en él vendían y
compraban, diciéndoles:
“Está escrito: Mi casa es
casa de oración; pero
vosotros hicisteis de ella
una cueva de salteadores”.
Los días que siguieron,
Jesús enseñó en el templo
diariamente, mientras que
los príncipes de los
sacerdotes y los escribas,
juntamente con los príncipes
del pueblo buscaban matarlo,
no hallando medio de
hacerlo, porque todo el
pueblo pendía para él,
escuchándolo. (Lucas,
19:41 a 19:48.)
49. ¿El bautismo de João
era del cielo o de los
hombres? - En uno de
aquellos días, estando él
enseñando al pueblo en el
templo y anunciando el
evangelio, llegaron los
príncipes de los sacerdotes,
los escribas y los ancianos
y le preguntaron: “Dinos,
¿con qué autoridad haces
estas cosas? O, ¿quien es
que te dio esta autoridad?”
Respondiéndoles, el Señor
dijo: “También yo os haré
una pregunta. Decidme pues:
¿El bautismo de Juan era del
cielo o de los hombres?” La
pregunta los cogió de
sorpresa y, por eso, ellos
razonaban, diciendo: “Si
dijéramos: Del cielo, él nos
dirá: ¿Entonces por qué lo
no creísteis? Y si decimos:
De los hombres; todo el
pueblo nos apedreará, pues
tienen por descontado que
Juan era profeta”. De ese
modo, resolvieron decir a
Jesús que no sabían de donde
era el bautismo de Juan.
Jesús entonces les dijo:
“Tampoco os diré con que
autoridad hago esto”.
(Lucas, 20:1 a 20:8.)
Respuestas a las preguntas
propuestas
1. Un cierto príncipe
preguntó a Jesús que debería
hacer para heredar la vida
eterna. ¿Cuál fue la
respuesta del Maestro?
La pregunta del príncipe fue
esta: “Bueno Maestro, ¿qué
he de hacer para heredar la
vida eterna?” Jesús le
respondió: “¿Por qué me
llamas bueno? Nadie hay
bueno, sino uno, que es
Dios. Sabes los
mandamientos: No
adulterarás, no matarás, no
hurtarás, no dirás falso
testimonio, honra a tu padre
y tu madre”. El hombre le
declaró que todas esas cosas
él venía observando desde la
juventud. Jesús, entonces,
tras lo oírlo, le dije: “Aún
te falta una cosa; vende
todo cuánto tienes, lo
repartes a los pobres, y
tendrás un tesoro en el
cielo; ven, y sígueme”. El
príncipe, sin embargo,
oyendo esto, quedó muy
triste, porque era muy
rico. (Lucas, 18:18 a
18:23.)
2. ¿Cómo se llamaba el rico
publicano de Jericó que
hospedó a Jesús en su casa?
Él se llamaba Zaqueo y era
allí jefe de los publícanos.
Tocado por la atención que
Jesús le dio, Zaqueo le
dijo, en público: “Señor, he
ahí que yo doy a los pobres
la mitad de mis bienes; y,
si en alguna cosa he
defraudado a alguien, lo
retribuyo cuadriplicado”.
(Lucas, 19:1 a 19:10.)
3. ¿Cuál es el contenido y
el significado de la
parábola de las minas?
Cierto hombre noble partió
para una tierra remota, a
fin de tomar para sí un
reino y volver después.
Llamando a diez siervos
suyos, les dio diez minas, y
les dijo: Negociad hasta que
yo venga. Pero sus
conciudadanos lo odiaban, y
mandaron después de él
embajadores, diciendo: No
queremos que este reine
sobre nosotros. Ocurrió que,
volviendo él, tras haber
tomado el reino, dijo que le
llamaran aquellos siervos, a
quién había dado el dinero,
para saber lo que cada uno
había
negociando.
Vino, entonces, el primero,
diciendo: Señor, tu mina
rindió diez minas. Y él le
dije: Bien está, siervo
bueno, porque como mínimo
fuiste fiel, sobre diez
ciudades tendrás autoridad.
Y vino el segundo, diciendo:
Señor, tu mina rindió cinco
minas. Y a este dijo
también: Sé tú también sobre
cinco ciudades. Y vino otro,
diciendo: Señor, aquí está
tu mina, que guardé en un
pañuelo, porque tuve miedo
de ti, que eres hombre
riguroso, que tomas lo que
no pusiste, y siegas lo que
no sembré. ¿Por qué no
pusiste, pues, mi dinero en
el banco, para que yo,
viniendo, lo exigiera con
los intereses? Y dijo a los
que andaban con él: Quitadle
la mina, y dadla al que
tiene diez minas. Pues yo os
digo que a cualquiera que
tenga le será dato, pero al
que no tenga, hasta lo que
tiene le será quitado.
Esa parábola, que es muy
parecida con la parábola de
los talentos, significa que
todos nosotros detenemos
recursos – dinero, poder,
posición – compatibles con
la tarea que vinimos a
desempeñar en el planeta y
de eso deberemos prestar
cuentas severas.
Ella muestra, aún, que la
complejidad de las tareas
que nos son atribuidas en un
determinado momento depende
del modo con que ejecutamos
las anteriores. Individuos
que pierden oportunidades
preciosas, a pesar
de los recursos a su
disposición, pueden en una
futura ocasión venir
privados de esos recursos,
tal como se dio, en la
sugestiva historia, con el
mal siervo. (Lucas, 19:11 a
19:27.)
4. ¿Qué palabras fueron
dichas por los discípulos
cuando Jesús entró en
Jerusalén montado en un
asno?
A medida que Jesús entraba
en Jerusalén, la multitud
extendía en el camino las
suyas vistes y, cuando él se
aproximó de la descendida
del Monte de los Olivos, sus
discípulos, se regocijaron,
comenzaron a dar
alabanzas a Dios en alta
voz, por todas las
maravillas que habían visto,
diciendo: “Bendito el Rey
que viene en nombre del
Señor; paz en el cielo y
gloria en las alturas”.
(Lucas, 19:30 a 19:38.)
5. Viendo que a los fariseos
no les gustaba que los
discípulos hablaban, ¿qué
les dijo Jesús?
Como venimos, la frase dicha
por los discípulos fue esta:
“Bendito el Rey que viene en
nombre del Señor; paz en el
cielo y gloria en las
alturas”. Los fariseos no
les gustó y pidieron a
Jesús: “Maestro, reprende a
tus discípulos”. La
respuesta de Jesús, con el
pasar de los siglos, se hizo
clásica: “Os digo que, si
estos se callen, las propias
piedras clamarán”.
(Lucas, 19:38 a 19:40.)