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La importancia
de la
planificación
para las
instituciones
espíritas
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– Usted podría
decirme, por
gentileza, ¿cómo
yo hago para
salir de aquí?
– Eso depende
mucho de para
dónde usted
pretende ir –
dijo el Gato.
– Para mí es
igual para
dondequiera que
sea... –
respondió Alice.
– Entonces, poco
importa el
camino que usted
tome – dijo el
Gato.
–... con tal de
que yo llegue a
algún lugar... –
añadió Alice,
explicándose
mejor.
– Ah, entonces
usted llegará
allá si continua
andando
bastante... –
respondió el
Gato.
(Alice no País
das Maravilhas;
Lewis Carroll.)
Introducción
En nuestras
actividades,
tanto dentro de
empresas como en
la docencia,
encontramos
varias
alegaciones para
no adoptar la
práctica de la
planificación.
Todas ellas
refutables, unas
más fácilmente
que otras. En el
contexto de las
instituciones
espíritas, y,
creemos, no es
privilegio
del medio
kardecista, eso
se acentúa con
el prejuicio
contra ciertos
términos, no
interpretados
adecuadamente o
no “traducidos”
para el argot
del medio.
Nuestro
propósito, aquí,
es analizar,
sucintamente,
algunas de esas
alegaciones e
intentar apuntar
el otro lado,
incentivando
instituciones y
sus dirigentes a
mirar con más
complacencia
para un recurso
que puede
ayudarlos
inmensamente.
Sobre las
dificultades
para planificar
Siempre que se
habla de
planificación,
una serie de
faltas es
levantada. Más o
menos comunes a
todas las
instituciones/organizaciones,
ocurren
especialmente
entre las de
pequeño porte.
Creemos que eso
ocurre por las
propias
características
del pequeño
emprendimiento.
Estructura
enjuta, número
limitado de
colaboradores,
recursos
reducidos acaban
por sobrecargar
al dueño o
dirigente, que
debe ser el
principal
interesado y
conductor del
proceso de
planificar. Sin
embargo, aún en
un análisis
ligero y
superficial,
tales
contrapuntos
traen, en sí,
sus
refutaciones.
Analicemos
algunos.
Falta de tiempo
– una de las
alegaciones más
comunes, la
escasez del
tiempo alcanza a
todos,
independientemente
del tamaño. Tal
vez en el
pequeño negocio
eso sea más
agudo, por la
concentración de
la multiplicidad
de tareas con el
dueño/dirigente,
como es expuesto
arriba. El
recurso
más escaso es,
sin embargo, lo
que más demanda
planificación.
La prioridad de
actividades es
fundamental, y a
veces vital,
para que las
providencias
importantes no
dejen de ser
tomadas. Y no se
hace eso, de
forma correcta,
sin una agenda
adecuada. Y esa
agenda, de ser
bien
estructurada,
está dentro de
un contexto
mayor de
planificación.
La falta de esa
agenda – de la
distribución
correcta del
tiempo –, lleva
al engaño de
tomarse la
agitación, el
movimiento y
carreras de un
lado para el
otro como siendo
realización, lo
que,
definitivamente,
no es. Mucha
energía, y mismo
tiempo y dinero,
es gastado en
tareas fuera de
prioridad o sin
conexión con el
propósito
principal.
Falta de
conocimiento
técnico
– esa alegación
viene acompañada
de la idea
equivocada de
que toda
planificación
sólo puede ser
hecha por
profesionales
especializados,
envolviendo, a
veces,
consultoras,
prácticas,
sistemas
sofisticados y
caros. Eso forma
parte,
probablemente,
de la
mística que
reviste algunas
prácticas
administrativas,
que buscan mucho
más a una cierta
“reserva de
mercado” que
atender a una
realidad.
Existe
planificación y
planificación.
Tratándose de un
gran proyecto,
envolviendo
grandes
volúmenes de
dinero y otros
recursos
(equipamientos,
instalaciones,
personas etc.),
alto nivel de
complejidad
(científica y
tecnológica),
evidentemente
que la
planificación
exigirá una
preparación tal
que escapa de
las condiciones
del individuo no
especializado.
Pero, en la
mayoría de las
veces, no es de
eso que se
trata. Pequeños
proyectos,
aunque alcancen,
en su
realización, un
gran número de
interesados, no
demandan más que
el
conocimiento de
unas pocas
informaciones,
obtenidas en
incontables
libros y
artículos a la
disposición de
quién se
interese.
Dentro de las
casas espíritas,
en el cuerpo de
participantes y
voluntarios, no
es común
encontrar
personas que
tienen
conocimiento y
práctica de
planificación.
Aún entre laicos
absolutos, se
puede hallar
colaboradores
que, con un poco
de esfuerzo y
buena voluntad,
aprendan sobre
conceptos y
técnicas
adecuadas y las
puedan implantar
en sus
instituciones.
En ese sentido,
falta mucho más
interés en
aprender, porque
no deja de ser
una tarea que
demanda
esfuerzo, más
que realmente
“conocimiento
técnico”.
Planear es cosa
para grandes
organizaciones,
que tienen
muchos
trabajadores y
dinero para
contratar
agencia
especializada
– es hecho que
las grandes
organizaciones
invierten en
planificación,
con personal
propio y/o
contratado. Tal
vez por eso aún
sean grandes.
Pero es engañoso
defender que
sólo ellas
pueden hacer
eso. Tratándose
de conocimiento,
ya lo abordamos
arriba.
Refiriéndose a
recursos
reducidos (sea
allá lo que sea
que se entienda
por recursos),
no es difícil
entender que, si
es importante
planear el uso
de lo que es (o
parece ser)
abundante, mucho
más lo es que es
poco (o parece
poco).
Siguiendo la
línea de
raciocinio
arriba, es fácil
de entender que
mientras más
escasas las
condiciones,
recursos,
oportunidades
etc., más
criterio e
inteligencia
deben ser
empleados en su
utilización. Y
eso no se hace
sin
planificación.
En ese aspecto,
muchas veces
falta
capacidad
creativa, de
improvisación,
del
dueño/dirigente.
Para hacer una
investigación de
mercado, por
ejemplo, la
organización que
tiene caja
suficiente puede
contratar una
empresa
especializada,
que existen
varias. El
pequeño
emprendedor, con
el auxilio de un
guión
básico que puede
ser cogido de
libros de fácil
acceso,
artículos y
sugerencias en
internet, o
apoyo de
entidades como
el SEBRAE, puede
elaborar un
pequeño
cuestionario y,
de papel y
bolígrafo en la
mano, ponerse en
campo para
conseguir las
informaciones
que le
interesan.
Es inútil
planear – las
incertidumbres
siempre ocurren
y tiran por
tierra todo
esfuerzo en ese
sentido.
– No tenemos
recelo de
afirmar lo
opuesto –
exactamente a
causa de las
incertidumbres,
planear es
fundamental. Si
con tanto viento
contrario es
difícil alcanzar
el norte, sin
brújula, timón,
remadores, velas
adecuadas, es
imposible (a
menos que se
cuente con el
factor suerte,
pero nadie,
equilibrado, se
lanza al mar
contando sólo
con esto).
Mientras más
inciertas, o
adversas las
circunstancias,
más se demanda
planificación.
Amir Klink dejó
relatos ricos
sobre el tiempo
y la complejidad
de la
planificación
realizada antes
de cualquiera de
sus tareas.
La planificación
no evita, o
anula, las
situaciones
desfavorables,
pero ayuda, y
mucho, a
enfrentarlas. La
creación de
escenarios (una
de las
herramientas del
proceso de
planear) puede
dejar la
organización
mejor preparada
para dirigirlas,
si y cuando
ocurran.
Ivan R.
Franzolim,
alertando para
el hecho de que
planear “es la
parte
generalmente de
más negligencia,
determinando
gran pérdida de
tiempo en el
futuro”, añade:
“La
planificación es
lo opuesto de la
improvisación.
Ningún trabajo
debería ser
hecho sin
preparación,
utilizándose de
los medios
inmediatamente
disponibles,
pues eso
contribuye para
el aumento de
deficiencias que
acarrearán
insatisfacción
(de quienes hace
y de quienes
usa), pérdida de
tiempo y
resultados por
debajo de lo
posible,
llevando, por su
parte, a la
necesidad de
hacerse
nuevamente esto
es, al trabajo,
aumentándose los
perjuicios”.
(FRANZOLIM,
2011)
Sea por la
amonestación de
Séneca – “Cuando
se navega sin
destino, ningún
viento es
favorable” –,
sea por la
respuesta del
Gato a Alice, de
un modo o de
otro, va a darse
en algún
lugar. Resta
saber si es a
ese lugar que se
pretende llegar.
El
obstáculo
“espírita”
Otras
justificaciones
contrarias a la
planificación
pueden ser
tenidas, además
de las de
arriba, pero
igualmente
refutadas. Nos
Gustaría, sin
embargo, de
tejer algunos
comentarios
sobre una,
típica del medio
espírita
(colocamos
espírita entre
comillas, en el
subtítulo,
porque no se
trata de
un obstáculo
sostenido
doctrinariamente,
pero sí de la
posición de
espíritas, sin,
según
entendemos, un
estudio más
sensato del
asunto). Se
trata del usado
llavón:
“¡Necesitamos
confiar en la
Espiritualidad!”
– y sus
variantes: “es
preciso tener
fe”; “entramos
con
la buena
voluntad y
dejamos el resto
por cuenta de
los Espíritus”;
“somos meros
servidores – la
planificación es
del Plano
Mayor”, etc.
No debe haber
duda en cuanto a
la importancia
de contar con el
auxilio de los
Espíritus, pero
eso no implica
esperar que
ellos hagan el
trabajo que toca
a los
encarnados. Si
en el Plano
Mayor, las
acciones y
direcciones de
los recursos son
planeadas
sensatamente, en
el plano
físico, el mismo
cuidado es
esperado, para
providencias
adecuadas y el
uso correcto de
los recursos
aportados. No
importa el
tamaño de la
tarea, frente a
todo lo
propuesto por lo
Alto. No se
entiende que los
Espíritus
esperen de los
hombres un
comportamiento
mecánico,
robotizado. Ya
porque
conocimiento
implica
responsabilidad,
y una respuesta
adecuada a un
emprendimiento
propuesto de
arriba exige
reflexión y
planificación.
Dinero, por
ejemplo, es
siempre recurso
escaso, por su
propia
naturaleza. A
menos que se
crea que la
espiritualidad
lo “fabrique”
(¡y ahí
estaríamos
hablando de
falsificación!,
o emplee
prestidigitación,
quitando monedas
de donde ellas
no existen), y
el buen sentido
refuta
ambas
posibilidades, a
la misma
espiritualidad
se debe hacer la
pregunta tan
terrena: “–
¿Dónde y cómo
invertir?”. Y es
difícil creer
que (y aquí, tal
vez, haya una
posición
personal de este
autor) ella
dirija recursos
para grupos o
instituciones no
preparadas o
inconsecuentes
(no nos
referimos a
propósitos
educativos que
se pueda tener
en vista, que no
es el asunto de
estas
consideraciones).
Otro ejemplo:
trabajadores,
voluntarios o
no, que pueden
ser mucho mejor
buscados,
atraídos y
colocados,
cuando se sabe
lo que se quiere
y lo que debe
ser hecho para
alcanzar el
objetivo. Así
como la mano de
obra ya interna,
que puede ser
más bien
aprovechada y
motivada. El
ejercicio de
liderazgo queda
más fácil, o
menos difícil,
como se quiera,
si hay un plan,
un mapa que
oriente sobre
rumbos y medidas
que tomar. Tal
vez quepa aquí
una alerta: una
buena
preparación,
consciente,
responsable y
que busque
inspiración
superior, vía
oración y otros
medios conocidos
de los
espíritas, hacen
la casa más
preparada para
contribuir con
la
Espiritualidad
Mayor y, por
tanto, posible
destinataria de
recursos para
buenos
emprendimientos.
Pero la no
preparación, la
irresponsabilidad
y el espíritu
aventurero o
temerario
pueden, también,
predisponer a
otro tipo de
“asistencia”,
abriendo camino
para obsesiones
y
mistificaciones,
lo que no debe
ser del interés
de ninguna
institución que
se precie.
La planificación
y la Gestión
Estratégica
Diferente de las
demás formas de
planificación,
que tienen foco
limitado a una u
otra tarea o
propósito muy
específico, “la
planificación
estratégica
significa pensar
la organización
como un todo en
su relación con
el ambiente en
una perspectiva
de futuro; es
ver el todo
antes de las
partes. Crear
una visión de
futuro y los
medios de
alcanzarlo”
(disponible en
http://www.idisc.net/en/Publication
.323.html,
accedido en
13/06/2011;
autor no
informado;
paréntesis
nuestro).
Por su alcance,
tanto el tiempo
(no se hace
planificación
estratégica para
corto plazo),
como por
contemplar todos
los aspectos del
emprendimiento
(propósitos,
recursos etc.),
la Planificación
Estratégica
implica una
visión sistémica
y lleva a la
búsqueda de
acciones
integradas y
sinérgicas.
Considerando
conceptos
importantes,
como visión,
misión y
valores,
análisis SWOT
(o FOFA:
fuerzas/flaquezas,
oportunidades/amenazas),
establecimiento
de objetivos
y elaboración de
estrategias,
tácticas
y planes de
acción, la
Planificación
Estratégica
envuelve toda la
Organización.
Es también
camino para que
se avance para
una dirección
más amplia y
sofisticada, la
Gestión
Estratégica, más
sintonizada con
la complejidad
de los tiempos
actuales. En el
decir de Mauro
Calixta Tavares
(2000, pg. 22),
la “gestión
estratégica se
diferenció por
el abordaje
integro y
equilibrado de
todos los
recursos de la
organización
para la
consecución de
sus fines”.
La Gestión se
distingue de la
Planificación
Estratégica,
aunque sean
mutuamente
dependientes:
“El concepto de
gestión
estratégica es
mucho más amplio
que el de
planificación
estratégica.
Engloba desde
las evaluaciones
de diagnósticos
y de prontitud,
la
estructuración
del
proceso de
planear y
formular un
propósito
compartido para
la organización,
la elección de
estrategias, la
fijación de
metas y
desafíos, hasta
la atribución de
responsabilidades
para el detalle
de los planes y
proyectos y para
conducir y
acompañar las
etapas de su
implantación”.
(COSTA, 2003,
pg. 54)
El abordaje
estratégico
puede hacer el
futuro menos
incógnito, al
permitir alguna
forma de
participar de su
creación, por lo
menos
parcialmente.
Como puntuó
Ackoff (1981,
pg. 15), “la
planificación se
basa en la
creencia de que
el futuro puede
ser mejorado por
una intervención
activa en el
presente”,
reforzado por
Vasconcellos Fº.
y Pagnoncelli
(2001, pg. 31):
“es un proceso
que moviliza la
empresa para
escoger y
construir su
futuro”.
En el ámbito de
las
instituciones
espíritas,
creemos que el
abordaje
estratégico –
planificación y
gestión – puede
ser de gran
utilidad.
Considerando la
vasta cantidad
de aspectos que
necesitan ser
dirigidos,
conforme
catalogados en
el guión
“Orientación al
Centro
Espírita”, de la
FEB, la
filosofía de
trabajo
propuesta puede
facilitar
bastante la vida
y misión de los
dirigentes y
líderes en
general, y está
en consonancia
con la
recomendación de
Kardec: "(...)
Para hacer algo
serio, es
necesario
someterse a la
necesidades
impuestas
por las
costumbres de la
época en que se
vive; esas
necesidades son
bien diferentes
de aquellas de
los tiempos de
vida patriarcal
y el propio
interés del
Espiritismo
exige que se
calculen los
medios de
acción, a fin de
que el camino no
se interrumpa
por la mitad.
Hagamos,
por lo tanto,
nuestros
cálculos, ya que
vivimos un siglo
en que es
necesario saber
contar". ALLAN
KARDEC
(Testamento
Filosófico –
1868; Acerca de
la nueva
organización de
la Sociedad
Parisiense de
Estudios
Espíritas, El
Libro de los
Médiums.)
(Citado en
“Orientación al
Centro
Espírita”, FEB,
2007, pg. 81.)
En la cuestión
del trabajo
voluntario, aún
tan mal
comprendida y
abordada, puede
suministrar
medios para un
mejor
aprovechamiento,
dirección y
motivación de
esa mano de
obra. Teniendo
varias
dimensiones,
además de la
satisfacción
personal
(SAMPAIO, 2010,
pg. 210), la
gestión del
trabajo
voluntario puede
tropezar en
escollos
(selección y
afectación
inadecuada de
estos
colaboradores) y
trampas
(voluntario
“voluntarioso”,
que entiende de
trabajar a “su
forma”, a veces
en franca
oposición a la
normas de la
institución,
sólo porque no
es remunerado).
Estos aspectos,
entre otros,
pueden ser más
bien tratados
estratégicamente.
Jesús fue
juicioso en
cuanto a la
importancia de
la
planificación:
“¿Pues cuál de
vosotros,
queriendo
edificar una
torre, no se
sienta primero a
hacer las
cuentas de los
gastos, para ver
si tiene con qué
a acabar? Para
que no ocurra
que, después de
haber puesto los
cimientos, y no
pudiéndolos
acabar, todos
los que lo
vieron
comenzaron a
burlándose de
él, diciendo:
Este hombre
comenzó a
edificar y no
puede acabar.”
(Lc 14:28-30)
... Y en cuanto
a nuestra
responsabilidad:
“Llamándolo, le
dijo: ¿Qué es
eso que oigo a
tu respecto?
Presta cuentas
de tú
administración…”
(Lc 16:2)
Conclusión
Creemos que las
instituciones
espíritas pueden
apropiarse, más
de lo que ya lo
hacen, de
herramientas del
medio
empresarial.
Debidamente
adaptadas,
calibradas por
la óptica
doctrinaria y
evangélica,
tales
herramientas
pueden ser de
gran ayuda en la
dirección de las
casas espíritas.
De todos los
tamaños y con
los más variados
propósitos,
pueden todas
beneficiarse.
El abordaje
estratégico –
planificación y
gestión – tal
vez sea uno de
los más ricos,
por su amplitud
y por la
implicación de
todos –
sectores,
personas – que
propicia (hasta,
exige).
Si cabe una
reseña, llamamos
la atención para
la transposición
de algunos
términos comunes
en el medio
empresarial para
un “lenguaje
espírita” (si
podemos
expresarnos
así), para
evitar rechazos
mucho más de
preconceptos que
fundamentados.
En nuestra
experiencia
encontramos
dificultad en
llevar a algunos
compañeros de la
doctrina
conceptos como
“negocio”, entre
otros, buscando
por ellos cómo
siendo
únicamente el
intercambio
comercial,
financiero.
La sustitución
de citas de
libros técnicos
por equivalentes
de la doctrina,
capturados en
Kardec,
Emmanuel, André
Luiz, Joanna de
Ângelis y tantos
otros, además de
la Biblia, puede
aceptar ese
proceso de
comunicación,
que aún
constituye,
infelizmente,
gran barrera
entre los
trabajadores.
Bibliografia:
ACKOFF, Russel
L.
Planejamento
Empresarial.
Rio de Janeiro:
Livros Técnicos
e Científicos,
1981.
COSTA, Eliezer
Arantes da.
Gestão
Estratégica.
São Paulo:
Saraiva, 2003.
FEB e Conselho
Federativo
Nacional.
Orientação ao
Centro Espírita.
Rio de Janeiro:
FEB, 2007.
FRANZOLIM, Ivan
René. Como
administrar
melhor o Centro
Espírita.
Disponível em
http://www.espirito.org.br/portal/artigos/diversos/movimento/como-administrar-melhor.html;
acessado em
12/06/2011.
SAMPAIO, Jáder
dos Reis.
Voluntários: um
estudo sobre a
motivação de
pessoas e a
cultura em uma
organização do
terceiro setor.
Franca/SP:
Unifran, 2010.
TAVARES, Mauro
Calixta.
Gestão
Estratégica.
São Paulo:
Atlas, 2000.
VASCONCELOS Fº.,
Paulo de e
PAGNONCELLI,
Dernizo.
Construindo
Estratégias Para
Vencer! Rio
de Janeiro:
Campus, 2001.
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