Dos niñas, Betty y
Clara, a pesar de ser
amigas, tenían
desacuerdos por cosas
tontas.
Se querían una a otra,
pero cada una pensaba
sólo en sí misma,
deseaba que su voluntad
fuera cumplida y que
todo lo que decía fuera
aceptado.
Cierto día en la escuela,
la profesora habló sobre
la importancia de la
colaboración entre las
personas para llegar a
un entendimiento sobre
algo o para conseguir un
objetivo común. Sin
embargo, los alumnos no
entendieron bien lo que
la profesora quería
explicar acerca de la
colaboración.
La maestra sonrió y les
dijo:
- ¡No se preocupen,
algún día entenderán lo
que significa la
colaboración! Y entonces
se acordarán de mis
palabras.
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La campana sonó
indicando el final de
las clases y los alumnos
recogieron sus útiles,
despidiéndose de la
profesora y de los
compañeros de clase.
Betty y Clara,
especialmente, no
entendieron el
significado de la
palabra y salieron
quejándose y hablando
sobre el asunto.
Poco tiempo después, las
dos chicas estaban
caminando por un lugar
abandonado cuando vieron
un gran montón de
basura, donde
encontraron dos zapatos
todavía nuevos, que
alguien había tirado a
la basura, seguramente
porque no los quería
más.
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Como sus familias eran
pobres, de inmediato
corrieron a recoger los
zapatos.
- ¡Este es de mi talla!
- gritó Clara, contenta.
-¡Y este otro me queda
bien, y me lo voy a
quedar! - exclamó Betty,
satisfecha por haber
encontrado un calzado
tan bonito.
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Ellas celebraron el
hallazgo jugando con los
zapatos. De pronto,
volvieron a la realidad
y una miró a la otra con
ojos desorbitados:
- ¡Pero tenemos que
buscar los otros pies!
Después de todo, no
podemos caminar con un
solo pie, ¿verdad? -
recordó Clara.
- ¡Tienes razón! - dijo
Betty, menos
entusiasmada ahora -
Después de todo, ¿para
qué sirve un zapato en
un solo pie? Busquemos
el otro par. ¡Quién los
arrojó a la basura,
tiene que haber tirado
los dos!
Entonces, se pusieron a
buscarlos otros zapatos.
Revisaron el lugar,
caminaron por los
alrededores, examinaron
todo y no hallaron los
pares de los zapatos que
faltaban.
Hasta que Betty, la más
generosa de las dos,
cansada de buscar,
propuso:
- Clara, ¿y si sacamos
la pajita y vemos quién
se quedará con los dos
zapatos?
- ¡Vamos, Betty! ¡A
pesar de que son nuevos
y bonitos, no pudimos
encontrar los pares!
Pero, como los colores
son parecidos y los
modelos también, nadie
se dará cuenta de que
estamos con zapatos
diferentes.
Cuando estaban
decidiendo con la pajita
quién se quedaría con
los zapatos, Betty vio
un perrito que caminaba
de un lado a otro
buscando algo para
comer, y revolvía la
basura que encontraba
para alimentarse. ¡En
este momento, llegó con
un hueso grande en la
boca, feliz!
Las niñas corrieron para
quitar el hueso de la
boca del perrito, pero
el animal huyó y se
escondió en el matorral.
Ellas fueron detrás de
él y, con sorpresa,
encontraron otro gran
montón de basura. Y allí
encontraron más zapatos
abandonados.
Muy satisfechas, las
niñas corrieron y,
revolviendo la basura,
encontrando los otros
pies de los calzados que
faltaban. Sólo que cada
una tomó el pie del
zapato que tenía la
otra.
Se miraron entre ellas y
decidieron:
- ¿Vamos a cambiar?
Entonces, contentas, ya
que los zapatos eran del
mismo tamaño, de
inmediato hicieron un
acuerdo e intercambiaron
zapatos. ¡Se pusieron
los zapatos y después
salieron bailando,
felices!
- ¡Mira! ¡Adoro mis
zapatos nuevos! ... ¡Qué
maravilla!
- ¡A mí también me
encantanlos míos, Betty!
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¡Mira cómo se ven lindos
en mis pies! |
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Satisfechas, se
abrazaron entendiendo
que, si no fuera por la
colaboración de cada
una, no tendrían un
lindo par de zapatos
nuevos.
En ese momento Betty
recordó lo que la
profesora había hablado
sobre la colaboración y
dijo:
- ¡Clara, nuestra
profesora tenía razón!
De no haber hecho un
acuerdo, a través de
nuestra cooperación,
pues una también quería
ayudar a la otra, no
tendríamos nuestros
zapatos nuevos!
Clara estuvo de acuerdo
con Betty y se dieron un
cálido abrazo, pues
comprendieron que el
entendimiento mutuo era
fundamental para hacer
las cosas bien.
Después de esa
experiencia, Betty y
Clara nunca más
olvidaron que, en la
vida, también
necesitarían ejercitar
la colaboración con las
personas para que todos
consiguieran resolver
cualquier situación y
pasaran a sentirse más
felices y realizados.
MEIMEI
(Recibida por Célia X.
de Camargo, el
16/02/2015.)
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