El Evangelio según Lucas
Tercer
libro del Nuevo Testamento
Lucas (Discípulo de
Pablo)
(Parte 6)
Damos continuidad en esta
edición al Estudio
Sistematizado del Nuevo
Testamento, que comprenderá
el estudio de los Evangelios
de Mateo, Marcos, Lucas y
Juan y del libro Actos de
los Apóstolos. El estudio
está basado en la versión del Nuevo
Testamento que el lector
puede consultar a partir de
este link: http://www.bibliaonline.con.br/tb.
Las respuestas
correspondientes a las
cuestiones presentadas se
encuentran a finales del
texto de abajo.
Cuestiones
para el debate
1. En el episodio de la
transfiguración, ocurrida en
el monte Tabor, aparecieron
Moisés y Elías, que
conversaron con Jesús. ¿Cuál
fue el asunto de esa
conversación?
2. Juan, uno de los
discípulos de Jesús, le
contó haber visto a un
hombre que expulsaba los
demonios en su nombre,
añadiendo haberlo prohibido,
porque él no era uno de
ellos. ¿Qué recomendación le
hizo Jesus?
3. Además de los doce
discípulos que lo seguían,
¿cuántos designó el Señor
para ir delante de él, de
dos en dos, anunciando la
llegada del reino de Dios y
curando los enfermos que
encontraran en su camino?
4. ¿A quién y en qué
circunstancias Jesús narró
la parábola del buen
samaritano?
5. ¿Como describe Lucas la
oración enseñada por Jesús a
sus discípulos? ¿Hay
diferencias entre la oración
narrada por él y la
registrada por Mateo?
Texto para la lectura
22. La cura de la mujer
hemorrágica - Jairo, que
era príncipe de la sinagoga,
se postró a los pies de
Jesús, rogándole que fuera a
salvar a una hija de doce
años, que estaba muriendo.
Envuelto por gran multitud,
Jesús se dirigió a la casa
de Jairo, cuando en el
trayecto una mujer, que
tenía un flujo de sangre
hacia doce años, llegando
por detrás de él, tocó en la
orilla de su vestido e
inmediatamente paró la
hemorragia. Jesús indagó:
“¿Quién es que me tocó?”
Pedro y sus compañeros le
dijeron: “Maestro, la
multitud te aprieta y te
oprime, y dices: ¿Quién
es que me tocó?” Jesús
entonces esclareció que
alguien lo había tocado
porque sintió que salió de
él una virtud. En ese
momento, viendo a la mujer
que no podía ocultarse, se
aproximó y relató como había
quedado curada al tocarlo.
El Maestro entonces le dijo:
“Ten buen ánimo, hija, tu fe
te salvó; ve en paz”.
(Lucas, 8:40 a 8:48.)
23. El pueblo pensaba que
Elías o uno de los profetas
había resucitado -
Después de la cura de la
hija de Jairo, Jesús convocó
a los doce discípulos y les
dio virtud y poder para
alejar a los demonios y
curar las enfermedades. Y
los envió a predicar el
reino de Dios y a curar a
los enfermos, diciéndoles:
“Nada llevéis con vosotros
para el camino, ni bastones,
ni alforjas, ni pan, ni
dinero, ni tengáis dos
vestidos. Y en cualquier
casa en que entréis, quedad
allí, y de allá saldréis. Y
si en cualquier ciudad no os
reciban, saliendo vosotros
de allí, sacudí el polvo de
vuestros pies, en testimonio
contra ellos”. Los
discípulos así procedieron,
recorriendo todas las
aldeas, anunciando el
evangelio y haciendo curas
por todas partes. Al oír
todo lo que pasaba,
Herodes, el tetrarca, quedó
en duda, porque decían unos
que Juan había resucitado de
entre los muertos, otros que
Elías había aparecido, y
otros que un profeta de los
antiguos había resucitado.
Herodes decía entonces: “a
Juan mandé yo degollar;
¿quién es pues este de quien
oigo decir tales cosas?” Y
ardía por verlo. En el
regreso de su tarea, los
apóstoles contaron al
Maestro todo lo que habían
hecho, y él, tomándolos
consigo, se retiró para un
lugar desierto de una ciudad
llamada Betsaida. La
multitud inmediatamente
quedó sabiendo y los siguió.
Jesús los recibió y les
habló del reino de Dios,
curando a los que
necesitaban ser curados.
(Lucas, 9:1 a 9:11.)
24. Quién quiera salvar
su vida, la perderá -
Cuando la multitud, después
de haber sido alimentada, se
alejó, estando Jesús sólo
con sus discípulos, les
indagó el Maestro: “¿Quién
dice la multitud que soy
yo?” Ellos respondieron:
“Juan el Bautista; otros,
Elías, y otros que uno de
los antiguos profetas
resucitó”. Él entonces
preguntó: “Y vosotros,
¿quien decís que yo soy?”
Adelantándose a los demás,
Pedro dijo: “Cristo de
Dios”. Jesús les pidió que a
nadie refirieran eso,
explicando que era necesario
que el Hijo del hombre
padeciera muchas cosas,
siendo rechazado por los
escribas y por los ancianos
y llevado a la muerte,
después de lo que, al tercer
día, resucitaría. Dicho eso,
el Maestro advirtió: “Si
alguien quiere venir en pos
de mí, niéguese a sí mismo,
tome cada día su cruz, y me
siga. Porque, cualquiera que
quiera salvar su vida,
la
perderá; pero cualquiera
que, por amor a mí, perdiera
su vida, la salvará. ¿Por
qué, qué aprovecha al hombre
ganar todo el mundo,
perdiéndose o perjudicándose
a sí mismo? Porque,
cualquiera que de mí y de
mis palabras se avergonzara,
de él se avergonzará el Hijo
del hombre, cuando venga en
su gloria, y en la del Padre
y de los santos ángeles”.
(Lucas, 9:18 a 9:26.)
25. Moisés y Elías
aparecen en el monte Tabor y
son vistos nítidamente -
Moisés y Elías aparecieron
junto a Jesús en el monte
Tabor. Pedro, Juan y
Santiago, allí presentes,
estaban cargados de sueño,
pero, cuando despertaron,
vieron nítidamente ambos
varones. Cuando ellos
salieron, Pedro dijo a
Cristo: “Maestro, bueno es
que nosotros estemos aquí, y
hagamos tres tiendas: una
para ti, una para Moisés, y
una para Elías”. En ese
momento, vino una nube que
los cubrió. Los discípulos
temieron, y salió de la nube
una voz que les dijo: “Este
es mi amado hijo; a él oíd”.
Cuando la voz se hizo, Jesús
estaba sólo, y ellos se
callaron y no contaron a
nadie, por aquellos días, lo
que habían visto. Al día
siguiente, al descender del
monte, les salió al
encuentro una gran multitud.
Fue entonces que un hombre
del pueblo pidió a Jesús que
mirara a su hijo,
explicando: “He ahí que un
espíritu lo toma y de
repente clama, y lo
despedaza hasta que echa
espuma; y sólo lo deja tras
el haber quebrantado”. El
afligido padre informó
aunque había rogado a los
discípulos que expulsaran
aquel espíritu, pero ellos
no pudieron. Jesús,
respondiéndole, dijo “¡Oh
generación incrédula y
perversa! ¿Hasta cuando
estaré aún con vosotros y os
sufriré?” “Tráeme aquí a tu
hijo.” Cuando el niño venía
llegando, el demonio lo
derribó y convulsionó pero
Jesús reprendió al espíritu
inmundo y curó al niño,
entregándolo a su padre.
(Lucas, 9:30 a 9:42.)
Respuestas a las preguntas
propuestas
1. En el episodio de la
transfiguración, ocurrida en
el monte Tabor, aparecieron
Moisés y Elías, que
conversaron con Jesús. ¿Cuál
fue el asunto de esa
conversación?
Moisés y Elias le
aparecieron y hablaron sobre
su muerte, que había de
cumplirse en Jerusalén.
Pedro y los que andaban con
él dormían y, cuando
despertaron, vieron a los
dos visitantes. (Lucas,
9:28 a 9:32.)
2. Juan, uno de los
discípulos de Jesús, le
contó haber visto a un
hombre que expulsaba los
demonios en su nombre,
añadiendo haberlo prohibido,
porque él no era uno de
ellos. ¿Qué recomendación le
hizo Jesús?
Jesús le dijo: No lo
prohibáis, porque quién no
es contra nosotros es por
nosotros. (Lucas, 9:49 y
9:50.)
3. Además de los doce
discípulos que lo seguían,
¿a cuantos designó el Señor
para ir delante de él, de
dos en dos, anunciando la
llegada del reino de Dios y
curando los enfermos que
encontraran en su camino?
El Señor designó setenta
discípulos y los mandó ir,
de dos en dos, a todas las
ciudades y lugares adónde él
había de ir. Y en esa
oportunidad él les dijo:
Grande es, en verdad, la
siembra, pero los obreros
son pocos; rogad, pues, al
Señor de la siembra
que envíe obreros para su
siembra. Id; he ahí que os
mando como corderos en medio
de lobos. No llevéis bolsa,
ni alforja, ni sandalias; y
a nadie saludéis por el
camino. Y, en cualquier casa
donde entréis, decid
primero: Paz sea en esta
casa. Y, si allí hubiera
algún hijo de paz, reposará
sobre él vuestra paz; y, si
no, volverá para vosotros. Y
quedad en la misma casa,
comiendo y bebiendo
de lo que ellos tengan, pues
digno es el obrero de su
salario. Y, en cualquier
ciudad en que entréis, y os
reciban, comed de lo que os
sea ofrecido. Y curad a los
enfermos que en ella haya, y
decidles: Es llegado a
vosotros el reino de Dios.
(Lucas, 10:1 a 10:9.)
4. ¿A quién y en qué
circunstancias Jesús narró
la parábola del buen
samaritano?
Esa conocida parábola fue
narrada a un doctor de la
ley que, intentándolo, le
había preguntado: Maestro,
¿que haré para heredar la
vida eterna? Jesús le dijo:
¿Que está escrito en la ley?
¿Como lees? Respondiendo, él
dijo: Amarás al Señor tu
Dios de todo tu corazón, y
de toda tu alma, y de todas
tus fuerzas, y de toda tu
comprensión, y a tu próximo
como a ti mismo. Jesús
afirmó: Respondiste bien;
haz eso, y vivirás. Él, sin
embargo, queriendo
justificarse a sí mismo,
preguntó: ¿Y quién es mi
prójimo? Fue entonces que el
Maestro le narró la
parábola. (Lucas, 10:25 a
10:37.)
5. ¿Cómo describe Lucas la
oración enseñada por Jesús a
sus discípulos? ¿Hay
diferencias entre la oración
narrada por él y la
registrada por Mateo?
Sí; hay diferencias entre
ellas. La oración, de
acuerdo con Lucas, debe ser
dicha así: Padre nuestro,
que estás en los cielos,
santificado sea tu nombre;
venga tu reino; sea hecha tu
voluntad, así en la tierra,
como en el cielo. Nos da
cada día nuestro pan
cotidiano; y nos perdona
nuestros pecados, pues
también nosotros perdonamos
a cualquiera que nos debe, y
no nos conduzcas en
tentación, más líbranos del
mal. Según Mateo, la oración
debe ser hecha así: Padre
nuestro, que estás en los
cielos, santificado sea tu
nombre; venga tu reino, sea
hecha tu voluntad, así en la
tierra como en el cielo. El
pan nuestro de cada día nos
da hoy; perdónanos nuestras
deudas, así como nosotros
perdonamos a nuestros
deudores; y no nos induzcas
a la tentación; más líbranos
del mal; porque tuyo es el
reino, el poder y la gloria,
para siempre. Amén.
(Lucas, 11:1 a 11:4. Ver
Mateo, 6:9 a 6:13.)